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Vuélvete el maestro de escuchar.

Por: Pilar Ortiz


Transcripción del video blog

 

¿Alguna vez te ha sido imposible sostener una conversación con una persona que no para de hablar de si misma?  ¿Has hablado por un buen rato con alguien para darte cuenta que lo que dijiste le entró por un oído y le salió por el otro? ¿Llegaste emocionada a contar una historia del viaje que acabas de hacer pero tu interlocutor cambio el foco de atención hacia SU anécdota de un viaje parecido? Piensa por un momento en cómo te sentiste. Tal vez sientes cierto rechazo e indiferencia, o tal vez piensas que no vale la pena hacer negocios con esa persona porque no te entregará lo que necesitas. ¿Te gusta ese sentimiento? ¿Te gustaría hacer sentir así a los demás?

¿Te puedes imaginar todas las oportunidades perdidas por no lograr aprender del otro y que él aprenda de ti?

 

Ahora, piensa en que lindo seria si esa persona escuchara lo que tienes por decir y que tú al mismo tiempo tengas la capacidad de escucharla  a ella. Muchas personas creen que escuchar es guardar silencio y planear meticulosamente una respuesta a lo que oímos. Pero, ¡ojo!, no se trata de poner atención para contestar, corregir o incluso juzgar y “ganarle” al otro. Yo les digo: debemos escuchar para aprender, entender y obtener suficiente información. Escuchamos para conectar, para empatizar y para comprender.

 

Al leer esto, puedes pensar: “ yo soy buenísimo escuchando, son los demás quienes deben mejorar”. Te aseguro que esto es lo que piensa el 80% de la gente, pero entonces, ¿quién está escuchando verdaderamente?, no todos pueden tener la razón. Piensa, de 1 a 10, ¿qué tan bueno eres escuchando? Ahora, piensa en una sola persona con la que hablas frecuentemente; puede ser en el trabajo, con familia o amigos. ¿Qué tan buena escucha es esa persona?

 

En la mayoría de los casos, nos calificamos mejor de lo que le ponemos al otro. Pero, ¿no debería ser un número parejo? ¿acaso no somos esa otra persona en la mitad de las veces que hablamos con alguien? Estamos convencidos de que escuchamos mejor de lo que en verdad lo hacemos. Somos inconscientes del daño que le estamos haciendo a nuestras interacciones con los demás y a nuestros negocios.

 

Pero tranquilo, es posible aprender a escuchar activamente y practicarlo en el día a día. Primero, debemos aprender a interactuar en el momento justo. No se trata de interrumpir a quién habla, es mejor aclarar un punto y seguir con la conversación. Muchas veces creemos que al comentar sobre algo con lo que nos sentimos identificados, vamos a generar una mejor conexión, pero por el contrario, estamos desviando el rumbo de la conversación. En estos casos resulta más efectivo comentar sobre algo que ya sepas de la otra persona, apelando a su sentimiento de haber sido escuchado en el pasado.

 

En muchas ocasiones, tu interlocutor puede sentir que no estás poniendo atención, aunque si lo estés haciendo, debido a tu silencio. Para esto propongo dos cosas. En primer lugar, debes generar un lenguaje corporal receptivo; puedes sonreír, asentir y mirarlo con ojos atentos. De igual forma y más aún en estos tiempos de poca interacción física, resulta muy útil parafrasear lo que está diciendo el otro: aclara, con tus propias palabras, lo que te están contando.

 

Así como debes hacer comentarios positivos y aclaratorios, nunca debes dar consejos acerca de lo que te cuenta alguien, a menos que te lo pida. De hacerlo, estarías transmitiendo un mensaje de superioridad negativo. La persona sentirá que quieres demostrar algo y mostrarte superior a ella, cosa que poco te conviene a la hora de buscar comunicar y realmente conectar.

 

Si todos escuchamos mejor, lograremos comunicarnos de manera más efectiva. La escucha es igual o más importante que hablar, pues estás comunicando al mismo nivel, logrando conectar con tu interlocutor. Si quieres ser un líder que persuade, negocia e influencia a los demás, debes empezar por convertirte en un maestro de escuchar.

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