A mi mami, con amor

Definitivamente no hay como el amor de una mamá. Incondicional, permanente, a toda prueba. Si bien es cierto que el Día de las Madres debería ser todos los días del año, en esta fecha especial aprovechamos para decirles a ellas cuanto las queremos y las respetamos.

Somos en la mayoría de los casos lo que somos gracias a todo lo que ellas hacen. A su ejemplo, a esa palabra amable, a ese gesto desinteresado o a la lección precisa. Desde hace años -desde que vivo lejos- intento pasar cada vez que puedo, el Día de la Madre con mi mamá. En lo posible viajo a visitarla para acompañarla en esta celebración y para decirle, frente a frente, todo lo que significa para mí. Este año adelanté un poco esa visita y tuve la oportunidad de verla en una celebración antes de tiempo.

Nos inventamos un paseo y con regalos y tarjetas, el 1 de mayo salimos en familia a festejar el día a la abuelita (mi doble ma) y a la mamá.  Mami, gracias por tus enseñanzas y sacrificios. Por haberme enseñado a tender mi cama todos los días y a ser respetuosa con los mayores aún teniendo que repetir cientos de veces las palabras mágicas “por favor” y “gracias”. Por haberme pegado una que otra palmada por no hacer caso o por haber adivinado mis pesares aún antes de que me hicieran daño. Por los valores, la disciplina, por enseñarme a hacer el bien y a creer en otros.

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